Anna Wohlgeschaffen Eris, la diosa y otras historias cínicas
MONDADORI, 202 PÁGINAS, 14 EUROS
Narrativa
Una diosa, un callo y un James Bond extremeño. ´Eris, la diosa´ reúne tres historias frescas y originales que ponen de relieve el cinismo de la sociedad sin escrúpulos que vivimos. Una crítica implacable para lectores con sentido del humor. Una secretaria y un mecánico desdichados y una joven millonaria configuran un mundo de contrastes.
J. A. MASOLIVER RÓDENAS - 17/08/2005
Escritora que muy bien podría ser un escritor, madrileña que muy bien podría ser catalán y con un seudónimo, Anna Wohlgeschaffen difícilmente atraería al lector a una librería si no fuera por el título, por la amenidad, por el desparpajo expresivo de los escritores anticulturalistas fieles a un realismo sórdido y a ratos sentimental. Ingredientes todos ellos no para un gran público, ávido siempre de argumento, ni para quien busque grandes lecciones éticas y mucho menos reflexiones y parentescos literarios, sino para aquellos que vivimos desconcertados y fascinados el nacimiento de una nueva cultura: la del consumismo, la de las grandes nacionales, la de la revolución tecnológica, la de la libertad sexual y la libertad de expresión.
El crítico ecléctico, y yo soy uno de ellos, amante de la libertad y que antes que crítico se siente lector, no puede sino celebrar las tres novelas cortas que integran Eris, la diosa con el acertado subtítulo de y otras historias cínicas. ¿Cínicas porque lo es su autor o autora? No necesariamente: para lo que nos interesa, pone de relieve el cinismo de una sociedad, y de forma muy original, sobre todo en los dos primeros relatos, muy unidos en su espíritu y mucho menos cínicos que el último. O de un cinismo muy peculiar: tanto en Rápido, indoloro y civilizado como en Ferrari 250GTO un personaje de condición humilde se ve desplazado, como protagonista, por el personaje al que adora y que condiciona su vida. En el primer relato el narrador, que como en todos los del libro se dirige al lector, es una secretaria de cuarenta y ocho años que ha trabajado durante veinticinco en una multinacional y que como tantos (que no lloren Owen o Figo, porque así es nuestra sociedad) ha sido despedida. Despedida, precisamente, por la mujer a la que ha adorado. La secretaria, Pili, es solterona y bajita, "un callo mañanero", "invisible más que fea", muy extrema en las cosas del pudor hasta el punto de que no sabe masturbarse y no ha tenido un orgasmo en su vida. Algo cambia en ella cuando entra en escena como vendedora y como directora más tarde Ana, cínica y ambiciosa, "la ética, para ella, es algo que sirve para jorobar a los demás, no es de padecer en carne propia". "Esta era mi Ana, y por entonces la reverenciaba. La adoraba." Hasta al punto que la púdica mujer se queda obnubilada cuando ella la invita a su casa de Majadahonda y la ve desnuda. Ana incluso le pide que le introduzca un supositorio ( "me llegaba un gorgoteo placentero, ay, Pili, qué bien me lo has puesto, eres un sol, ¿sabes?") y que se desnude también ella. Este será "el recuerdo de un día que, fíjense lo que les digo, ha debido ser el más bonito de mi vida. El más intenso, el más emocionante". Poco después recibe, como los demás, la noticia del despido. Ana, el espíritu de esa "jungla comercial", se ha mostrado generosa pero implacable.
Si de Pili nada sabemos de su pasado, de Benjamín Cangilones lo conocemos en toda su sordidez, pero algo le salva: su habilidad para la mecánica, pues es así como, al ingresar en el servicio militar, se dedica a arreglar los coches de los oficiales y acaba por incorporarse al Ejército del Aire para llegar "a lo más elevado de la escala chusqueril, la estrella de cinco puntas". Hasta que deciden que ha dejado de hacer falta y le despiden. Pero la buena fortuna es tan generosa con él como la mala, porque un coronel propietario de un taller le ofrece que se encargue de recoger los coches de lo que se ha convertido en un parking. "No era un porvenir apasionante, aunque tampoco mi vida tenía mucho de novelesca." Hasta que entra en escena don Enrique, que ha decidido comprarse un viejo Ferrari 250 GTO en estado comatoso que Benjamín se encargará de arreglarlo con la condición de convertirse en copropietario. Pero ocurre que el Ferrari acaba por seducirle como sedujo Ana a Pili, y además le devuelve su juventud. "Como si hubiera vuelto a ser el de los sesenta, el que considerando de dónde salía se creía poco menos que un James Bond extremeño".
En el sur peninsular Eris, la diosa tiene mucho en común, pero los términos se invierten. El origen familiar de Eris es también complejo, pero una vez adoptada se convierte en hija de millonarios, cosmopolita, dominadora, sexualmente liberada, clasista y racista, aunque le salva el sentido del humor y el desparpajo. Gran parte del relato es el escenario de una familia adinerada y los dos únicos momentos de tensión argumental son el de su encuentro con el camarero Toñín y, amplia y eficazmente desarrollado, con la lesbiana Ruth. Lo que tiene en común con los otros relatos del libro es el retrato que ofrece de una época, especialmente el de la falta de escrúpulos, de un cinismo que ya no necesita ni ser refinado, y la vitalidad expresiva. Fiel e implícitamente crítico retrato de nuestra época dirigido a lectores con sentido del humor.
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